CREACIÓN DE LOGO

¿qué hicimos?

1. El punto de partida: El concepto

Lo primero que analizamos fue el propio nombre, Cofrarte. Es una fusión fantástica entre "cofrade" y "arte". Nuestra idea rectora fue que el logo debía reflejar exactamente eso: debía ser una pieza de diseño inteligente que "escondiera" la tradición a plena vista.

2. El momento "¡Eureka!"

El nazareno en el espacio central Buscando el equilibrio de la palabra, nos dimos cuenta de que la letra "a" ocupaba un lugar central y estratégico. En lugar de usar una "a" normal, decidimos aprovechar la similitud geométrica entre un triángulo y el capirote de un nazareno. Al incrustar la silueta frontal del penitente justo ahí, logramos que el logotipo hablara por sí solo.

  • La ruptura visual: Si te fijas, diseñamos el capirote para que rompiera deliberadamente la altura del resto de las letras hacia arriba. Queríamos que esa verticalidad transmitiera elevación y espiritualidad, guiando tu ojo directamente al centro del diseño.

  • La mirada: Esos dos diminutos puntos blancos para los ojos del antifaz son nuestro detalle favorito. Sin ellos, sería solo una forma geométrica abstracta. Al ponerlos, le dimos "alma" y misterio al logo; de repente, el nazareno te está mirando.

3. La elección tipográfica: Modernidad frente a tradición

Para contrarrestar el peso tradicional del nazareno, decidimos usar una tipografía sans-serif (sin remates), muy gruesa (bold) y completamente en minúsculas.

  • ¿Por qué en minúsculas? Porque queríamos que la marca se sintiera cercana, accesible y moderna.

  • ¿Por qué tan gruesa? Para darle una base sólida, como los cimientos de una catedral o el paso de un misterio. Las curvas suaves de la "c", la "o" y la "e" abrazan y contrastan perfectamente con las líneas rectas y afiladas del capirote central.

4. El color: La sangre y el terciopelo

No podíamos usar cualquier color. Huimos del negro porque habría resultado demasiado fúnebre o rígido. Nos decantamos por este rojo burdeos o carmesí profundo. Para nosotros, este tono encapsula toda la estética de la Semana Santa: evoca la pasión, el color de la cera de algunas hermandades, y la textura del terciopelo de las túnicas y los palios. Además, tiene una fuerza visual increíble que funciona muy bien tanto sobre fondos blancos como oscuros.